ARTÍCULOS DE PRENSA

Zapeando ando….

La Prensa

Por: Daniel R. Pichel - Enero 29, 2023

Creo que ya he contado que soy adicto a los noticieros.  Desde niño en mi casa, la hora de las noticias era "obligatoria" (lo de "sagrado" nunca cuadró).  Cenábamos todos juntos, escuchando a Mario Velazquez, Jorge Carrasco, "Fat" Fernández y Tommy Cupas leyendo lo que pasaba en Panamá y el mundo.  Como no había señal por cable (en los setentas y principios de los ochentas), la fuente de noticias eran los periódicos y los noticieros de radio y televisión.  La inmediatez y la "ultima hora", que hoy llamamos "breaking news" eran interrupciones a la programación regular, precedido por el sonido de un teletipo donde se daba un titular de algo que acababa de ocurrir, y de lo cual nos contarían más a las seis de la tarde, en el noticiero.  Así supimos de la muerte de Torrijos, del golpe de estado de Pinochet, de la matanza de atletas israelíes en las Olimpiadas de Munich, del fin de la guerra de Vietnam, o del inicio de la Guerra del Yom Kipur en 1973.

 

Pero, desde que apareció la TV por cable y las televisiones con control remoto, se popularizó la palabra "zapear".  Según el diccionario de la lengua española, Zapear es espantar animales, particularmente gatos, con la expresión "zape".  Sin embargo, en la última edición, se agregó que "zapeo" consiste en saltar de un canal a otro con el mando a distancia, originando el dichoso verbo.

 

Dada mi adicción ya descrita, y la facilidad de contar con cientos de canales, unos de mis hobbies consiste justamente en "zapear" entre los canales de noticias a ver qué pasa en el mundo.  Como ahora tenemos una oferta mucho más amplia, con noticieros de todo el globo, no es necesario enfrascarnos dos horas solo en los acontecimientos locales, sino que también podemos ampliar un poco más el horizonte.

 

El caso es que el otro día estuve saltando de canal en canal y las cosas que pude ver, me parecieron terribles.  Al margen de que la guerra de Ukrania sigue ocupando los principales titulares, hay otras cosas que de veras deben hacernos pensar lo mal que andamos.  

 

Una de las personas que nos daban la esperanza de que la política tiene algo positivo, la primera ministra neozelandesa Lucinda Ardern, renunció a su cargo, después de confesar que "ya no le quedaba energía" para seguir enfrentando los problemas de su país y los discursos de odio.  Después de ser un ejemplo para le mundo sobre como manejar responsablemente la pandemia, los discursos y las acciones de odio, ha sido blanco de ataques, por las consecuencias económicas que produjo el manejo sanitariamente responsable de la crisis de Covid-19, donde salvar vidas, implicaba medidas que afectarían la economía.  Así, el mundo se queda sin una de las dos personas que fueron ejemplo ante grandes crisis, respetando la democracia y priorizando la gente sobre los intereses económicos (el otro fue Justin Trudeau en Canadá).

 

Otro tema que ha estado en los titulares de los noticieros son los tiroteos masivos en los Estados Unidos.  En los 24 días que van del año al momento de escribir este artículo, en territorio americano se han dado 39 tiroteos masivos, con un saldo de setenta muertos y ciento sesenta y siete heridos (promedio de casi tres muertos y siete heridos diarios).  Pero lo inaudito, es cómo las autoridades legislativas siguen negándose a tomar medidas para acabar con la posibilidad de que cualquier loco tenga acceso a armas con una capacidad letal ilógica en un país que no está en guerra.  El Partido Republicano se ha dedicado a tener en sus "thoughs and prayers" (pensamientos y plegarias) a las víctimas y a sus familias, lo cual evidentemente no ha servido de nada, especialmente si pensamos en cómo algún ser superior, infinitamente misericordioso, no parece tener el menor interés en salvar a nadie de estos actos de barbarie.  Como dice un amigo, hasta que un día uno de esos locos no se meta en el Congreso y se cargue a veinte o treinta congresistas o senadores, despatarrándole los sesos por las paredes, simplemente porque le dio la gana, no tomarán medidas reales.  Estados Unidos es un país con una peligrosísima cultura de armas, la cual posiblemente sea en parte culpa de John Ford y de John Wayne.  Pero esa excusa del derecho a protegerse, tendría sentido durante el Salvaje Oeste donde los rifles tenían cuatro balas que se recargaban con una palanca, pero no puede justificarse cuando cualquiera va a un show de armas y compra una ametralladora con un cargador para cien balas, sin ningún análisis de sus antecedentes.

 

Y para terminar, cuando ya creía haber oído todo, me encuentro con el salvaje de Tucker Carson en Fox TV, regurgitando mentiras sobre como la vacuna bivalente contra Covid-19, aumenta el riesgo de infección por el virus.  Así mismo, una supuesta doctora argumentaba en una convención de imbéciles que aplaudían como focas, como la incidencia de muerte súbita ha aumentado exponencialmente entre los vacunados, culpando a la vacuna de la muerte súbita que sufrió Damar Hamlin durante un partido de futbol americano después de un golpe sobre el tórax.  Esta gente, argumentando "libertad de expresión" se dan a la tarea de confundir deliberadamente a la población.  Lo que no entienden, es que si bien tienen libertad de decir una estupidez si le da la gana, eso no aplica a un debate sobre un tema serio, en que su estupidez no puede tener el mismo valor que una verdad verificada con evidencias.   
 

La única noticia esperanzadora de todo esto, es que la incidencia de Covid grave, hospitalizaciones y defunciones, es marcadamente mayor en los condados donde ganaron candidatos republicanos que donde ganan demócratas.  Aunque puede que tome tiempo, es posible que matemáticamente, las elecciones las comiencen a ganar quienes siguen la ciencia y la evidencia.  Será cuestión de esperar...

Dr. Daniel R. Pichel P.

Acerca del Dr. Daniel R. Pichel P.

Cardiólogo Clínico y Ecardiografista en Cardiólogos Asociados de Panamá y Hospital Paitilla. Profesor de cardiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Director Fundador del Museo de la Libertad y los Derechos Humanos de Panamá. Es miembro del Movimiento Ciencia en Panamá y del Club Rotario Pacífico. Panelista invitado en programas de opinión de radio y televisión. Desde 1997 es columnista regular de la sección de Opinión del Diario La Prensa.

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