ARTÍCULOS DE PRENSA

Un "asshole" global

La Prensa

Por: Daniel R Pichel - Octubre 23, 2022

Esta semana, cayó en mis manos un librito del profesor de filosofía de la Universidad de California en Irvine, Aaron James, con un título que me llamó la atención.  “Assholes, A Theory”.  Fue publicado en 2009, y curiosamente menciona solo de forma muy superficial a Donald Trump.  Sin embargo, conforme uno lee las conclusiones del profesor James, da la impresión que está haciendo una detallada descripción de la cosa esa anaranjada que ocupó la Casa Blanca entre 2017 y 2021.  

 

La término anglosajón “Asshole”, es una de las pocas palabras en inglés, que me parece no tiene una traducción exacta al español.  Obviamente, la definición “oficial” sería un vulgarismo para referirse al ano.  Pero, en su acepción más frecuente, constituye un insulto que, si buscamos en el diccionario, los posibles equivalentes en castellano pudieran ser:  estúpido, imbécil, cabrón, pendejo, mamón o expresiones tan castizas como gilipollas o tonto del culo.  Aunque ninguna de estas palabras represente exactamente el significado que se le da en inglés, el caso es que, parece un calificativo poco conveniente.  

 

Las tres características más destacables de un “asshole”, según el autor son:  1. Se permite a sí mismo disfrutar sistemáticamente de ventajas especiales.  2. Disfruta de esas ventajas basado en una arraigada sensación de que no solo tiene el derecho a ellas, sino que las merece y 3. Su sentido de merecimiento lo inmuniza contra el cuestionamiento de cualquier otro que no goce de esas ventajas, creyendo que los demás los envidian.  

 

Esta sensación de tener derecho a un tratamiento especial, es un elemento común a sus interacciones con el resto de la sociedad.   Esta gente no solo suele ser arrogante, sino que parecen disfrutar siendo maleducados, desagradables y particularmente antipáticos.

 

Pero si esto ocurre en un tipo con una patológica personalidad narcisista, como ha definido a Trump la Sociedad americana de psicología, fanático de la autoadulación y que presume de cómo pasa por encima de las normas, se logra ser tremendamente despreciable.  

 

Pero que alguien sea un perfecto patán, no es noticia para nadie.  Durante toda la historia de la humanidad, estos individuos siempre han existido, y suelen ser despreciados por la mayoría de quienes tienen el desagrado de conocerlos.  Lo que no es normal, es que un tipo como este, se haya constituido en un símbolo para una buena parte de la población americana, y para uno de los dos grandes partidos políticos de una nación que presume ser un ejemplo de democracia.

 

Desde la campaña de 2016, la actitud de Trump hacia todos los demás candidatos era propia de una personalidad nauseabunda, burlándose, poniendo apodos y despreciando a quienes competían contra él.  Así, aunque la mayoría de los estadounidenses votó contra él en 2016, ganó la elección, gracias a la anacrónica aberración del colegio electoral y la particular manera que tienen en Estados Unidos de aferrarse a un sistema que pudiera tener sentido a finales del siglo XVIII, pero que no tiene lógica alguna en la época de las comunicaciones digitales instantáneas del siglo XXI.  

 

Como presidente, la cantidad de escándalos que propició este tipo fueron incontables.  Desde la manera como manejaron la pandemia, despreciando las evidencias científicas y dedicándose a decir todo tipo de estupideces sobre las vacunas, los tratamientos y el uso de medidas de protección, su extraña relación con Putin, su solicitud al presidente de Ukrania para atacar a la familia de Joe Biden y la diseminación de todo tipo de noticias falsas, ya eran suficiente razón para echarlo.   

 

Pero, cuando perdió la elección, su insistencia en inventarse un fraude electoral, la diseminación de todo tipo de mentiras, los intentos para alterar resultados a nivel estatal y, para rematar, la sublevación para bloquear la certificación de la victoria electoral de Biden el seis de enero, lo convierten en un gran peligro para la democracia.  No solo en su país, sino en el resto del mundo, por la gran influencia que tiene Estados Unidos con lo que pasa a nivel global.  

 

Y después de salir de la presidencia, el tipo sigue “generando contenido” con la cantidad de documentos que abiertamente se robó de la Casa Blanca, porque considera que también tiene derecho a hacer lo que le de la gana con documentos clasificados.

 

En fin, es inaudito que semejante tipo sea una inspiración para millones de personas, que ven a Donald Trump como el defensor de sus valores.  Valores donde la corrección política, el diálogo civilizado y la más elemental educación no son necesarias.  Pero aún peor, es la forma como muchos políticos republicanos miran hacia otro lado, o le hacen coro a las mentiras de un tipo que claramente debía estar preso.

 

Apenas esta semana, las comisionesque investigan la insurrección del seis de enero de 2021, y la sustracción de documentos que encontraron en su casa en Florida, le están exigiendo entregar documentación y presentarse a declarar bajo juramento sobre su participación en esos delitos.  Pero, no sorprendería que vuelva a bloquear la justicia, para no cumplir con lo que se le solicite.  Finalmente, se siente por encima de la ley.  Y mientas, seres despreciables como Ted Cruz, a quien lo insultó no solo a él, sino a su padre y a su esposa, seguramente seguirá, lamiéndole a Trump el título del libro de Aaron James.   A fin de cuenta, son políticos…  ¡que asco!
 

Dr. Daniel R. Pichel P.

Acerca del Dr. Daniel R. Pichel P.

Cardiólogo Clínico y Ecardiografista en Cardiólogos Asociados de Panamá y Hospital Paitilla. Profesor de cardiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Director Fundador del Museo de la Libertad y los Derechos Humanos de Panamá. Es miembro del Movimiento Ciencia en Panamá y del Club Rotario Pacífico. Panelista invitado en programas de opinión de radio y televisión. Desde 1997 es columnista regular de la sección de Opinión del Diario La Prensa.

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