ARTÍCULOS DE PRENSA

Un hombre de palabra...

La Prensa

Por: Daniel R Pichel - Enero 1, 2023

Después de tres artículos dedicados al Mundial de Futbol, pensé que el último del año era apropiado para hacer un resumen de estos doce meses, aunque implicara resignación para meterme a revolver en el basurero de las mineras, la asamblea (¡Puag!), las ayudas del Ifarhu, los antivacunas, los fanáticos religiosos, y demás lacras nacionales.  En el mundo, mientras la pandemia daba una tregua gracias a las vacunas, el hijo de Putin invadió Ukrania, en lo que ha resultado ser una guerra que deja en evidencia lo poco eficiente del ejercito ruso.  Si no fuera por su arsenal nuclear, nadie los tomaría militarmente en serio.  Mientras, en Estados Unidos ha seguido saliendo todo tipo de basura cada vez que alguien pregunta sobre Donald Trump y su entorno.  

 

Pero, faltando tres días para terminar el año, se muere Pelé, y me ha dado una excelente excusa para disfrutar una semana más escribiendo sobre fútbol, mi deporte favorito.

 

La final del Campeonato del Mundo fue un partido inolvidable.  Durante 75 minutos, fue una de las finales más aburridas que recuerdo.  Un monólogo donde Argentina, bajo la dirección casi orquestral de un fenomenal Messi, pasó por encima de una aletargada y disfuncional Francia, que no mostró absolutamente nada.  Pero entonces, pasó una de esas cosas que hacen del fútbol un deporte tan apasionante.  Después de los acostumbrados cambios entre el minuto sesenta y setenta, ocurrió algo que me recordó las cómicas de Popeye de los años sesenta.  En un instante, Kylian Mbappé, como que encontró la lata de espinacas, la abrió, y se convirtió en un vendaval que en tres minutos había empatado el partido prácticamente por si solo.  Desde allí, aquella final aburrida, se convirtió en la más emocionante.  Hasta terminar el tiempo reglamentario, y durante los treinta minutos de prórroga, se dio un intercambio de oportunidades que mantuvieron al borde de la silla hasta a quienes nunca les ha interesado el fútbol.  En un final digno de un libreto de Hollywood el partido termina empatado y llegan a la tanda de penales donde, como era predecible, Argentina termina ganando, gracias a tener un portero tan buen atajador de penales como despreciable persona.  El desagradable Dibu Martínez, hizo posible que Argentina ganara su tercer campeonato del mundo.

 

Ese se resultado, representa la cerecita del pastel de la carrera de Lionel Messi.  Aquel muchachito argentino que fue rescatado por el Barcelona cuando era un adolescente para facilitarle el tratamiento a sus problemas de crecimiento gracias a sus habilidades con el balón, hasta llegar a convertirse en el jugador más destacado del mundo, en los últimos quince años.  Esto, sumado a su rivalidad con otro superdotado como Cristiano Rolando, y matizado por su carácter introvertido, sin escándalos y con una inusual humildad, hace su historia aún más entrañable.  Ganar la copa del mundo, es lo que le faltaba a Messi para coronar una excelente carrera donde ha ganado todo lo que ha tenido a su alcance.

 

Durante el Mundial, se supo que la salud de Pelé se había deteriorado.  Su cáncer de colon había dejado de responder al tratamiento, y estaba en terapia paliativa por su condición terminal. Finalmente, el 29 de diciembre, se anunció que "O Rei do Futebol" había perdido su último partido.

 

Pelé fue un superdotado del deporte.  Junto con Muhammad Ali y Michael Jordan fueron posiblemente los tres deportistas más emblemáticos del Siglo XX.  Es el único jugador que ha ganado tres Mundiales, y solo en doce años.  Anotó más de mil goles, ganó todo lo que podía, y se convirtió en el gran embajador del fútbol alrededor del mundo. 

 

Quienes lo conocieron, lo describían como una persona amable, con una permanente sonrisa, bromista, afable, humilde y siempre con actitud positiva.  Todos los deportistas daban lo que fuera por una fotografía con "O Rei" y en Brasil era considerado patrimonio nacional por lo cual, durante su carrera, nunca fue vendido a equipos fuera de Brasil.  Aún así, viajó por todo el mundo, donde los mejores equipos organizaban partidos contra el Santos para poder ver a Pelé.

 

Pero la gran pregunta que ha vuelto a surgir esta semana, es quien ha sido el más grande futbolista del todos los tiempos.  Parece haber consenso en que los tres mejores han sido Pelé, Maradona y Messi.  

 

Si se va a los fríos números, posiblemente Messi cuente con un palmarés más extenso, entendiendo que hoy vivimos en la época de las comunicaciones instantáneas, donde se llevan estadísticas de absolutamente todo.  Si bien es cierto que Pelé no ganó balones de oro (en aquellos años solo se daba a jugadores europeos).  En 2014, France Futbol analizó a los jugadores de aquella época bajo los parámetros que se usan hoy día, y publicaron que Pelé habría ganado siete balones de oro en sus años como jugador activo, lo que lo igualaría a Messi.

 

Pero al margen de los números, hay un elemento cualitativo, donde cada quien escoge su favorito.  Esto, tiene que ver con quien uno ha visto más y el fanatismo personal por los equipos donde ha jugado cada uno.  Aunque vi a Pelé mucho menos que a Maradona y Messi (se retiró cuando yo tenía quince años), creo que sus habilidades eran de un nivel superior a todos los demás.  Pateaba igual con ambas piernas, era un excelente cabeceador, era un jugador astuto, rapidísimo y con una habilidad para maniobrar en poco espacio como pocos.  Pero lo más llamativo es que todo parecía ser facilísimo cuando lo hacía Pelé.  Y eso, en una época con balones, tacos y uniformes que pesaban un mundo cuando se mojaban, y jugando sin tarjetas rojas ni amarillas. 

 

Personalmente, creo que todo aquel que disfruta el fútbol, especialmente los más jóvenes, deben tratar de ver partidos completos donde jugó "O Rei".  Aquel muchacho que, cuando tenía diez años y vio a su padre llorar por "El Maracanazo", lo abrazó y le dijo "papá, algún día yo voy a ganar una copa del mundo para Brasil".  A los diecisiete años, demostró ser un hombre de palabra...
 

Dr. Daniel R. Pichel P.

Acerca del Dr. Daniel R. Pichel P.

Cardiólogo Clínico y Ecardiografista en Cardiólogos Asociados de Panamá y Hospital Paitilla. Profesor de cardiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Director Fundador del Museo de la Libertad y los Derechos Humanos de Panamá. Es miembro del Movimiento Ciencia en Panamá y del Club Rotario Pacífico. Panelista invitado en programas de opinión de radio y televisión. Desde 1997 es columnista regular de la sección de Opinión del Diario La Prensa.

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