La Prensa
Por: Daniel R Pichel - Agosto 24, 2025

Hagan algún día este experimento. En una reunión social —puede ser una cena— donde la edad promedio alrededor de la mesa esté por encima de 45 años, hagan un poco de investigación y verán que todo el mundo sufre de algo. Tal vez la palabra correcta no sea “sufrir”, sino que tienen algún diagnóstico médico que se les ha hecho en los últimos cinco años. Quien no tiene alto el colesterol, tiene altos los triglicéridos, bajo el HDL, ligeramente alta la glucosa, elevado el ácido úrico, alta la presión arterial, reflujo gastroesofágico, migraña, fibromialgia, artrosis en alguna articulación, lumbalgia crónica, dermatitis atópica, pólipos intestinales, calores perimenopáusicos, o simplemente le duele algo e irá al médico para tratar de averiguar qué tiene.
Actualmente, muchos seres humanos tienen un interés constante en tratar de asegurarse de que están completamente sanos y no padecen ninguna enfermedad. Tan solo esta semana recibí tres llamadas distintas de amigos y pacientes, pidiéndome que querían hacerse “todos los exámenes necesarios para estar seguro de que no voy a tener cáncer y que no me va a dar un infarto o un derrame cualquier día de estos”. Estos miedos provienen, por lo general, cuando a alguien conocido se le diagnostica una enfermedad grave o muere de manera inesperada. En ese momento se activa una mezcla de curiosidad y temor para saber si uno pudiera llegar a lo mismo.
Para comenzar, hay que dejar claro que no existe ninguna prueba de laboratorio, imagen, biopsia o estudio genético que nos dé un resultado que implique estar completamente saludable. Por esa razón, la única forma de estar seguro de que uno no padece nada es haciéndose pruebas y descartando posibles enfermedades o cambios tempranos que pudieran llegar a derivar en algún problema médico importante.
A todo esto se suma la existencia de Internet, con sus tradicionales buscadores —que en medicina conocemos como Dr. Google— o métodos más elaborados que ya están al alcance de todos, como las plataformas de inteligencia artificial del tipo ChatGPT. Cuando alguien tiene un síntoma o se entera de que un conocido se enfermó, comienza el proceso de investigación, muchas veces sin una guía profesional adecuada, y que solamente conlleva a mayor confusión.
Pero pongamos el ejemplo de un caso clínico de alguien que ha decidido asegurarse de que está absolutamente sano. Llamémosle a este individuo ficticio de 53 años, Gervasio. Gervasio creció en una casa de clase media, donde su madre era laboratorista y su padre epidemiólogo, por lo cual siempre estuvo expuesto a conversaciones sobre enfermedades, epidemias y medicina preventiva. Por estas razones, siempre ha estado muy preocupado por su salud, y se ha convertido en una especie de “médico aficionado” que dedica buena parte de su tiempo libre a instruirse sobre cómo estar saludable. Después de mucho leer, ha llegado a la conclusión de que la única forma de estar seguro de que no padece nada es haciéndose los exámenes necesarios para descartarlo.
Gervasio se hace un panel completo de laboratorios dos veces por año, en marzo y septiembre, para estar alejado de las fechas en que pueda haber exceso en la comida y la bebida. Además de un hemograma completo y un examen de orina, se mide los lípidos, la glucosa y la hemoglobina glicosilada —que sabe que es mucho más precisa que la glucosa para diagnosticar diabetes—, pruebas de función hepática, pruebas de función renal, PSA, pruebas de función tiroidea, antígenos específicos para descartar algunos tipos de cáncer y pruebas de heces por sangre oculta y por parásitos. Cuando alguno de estos exámenes sale alterado, lo complementa con otros estudios según lo que el especialista correspondiente le indique. Tan solo el año pasado se hizo una resonancia magnética de próstata porque su PSA había aumentado de 0.8 a 1.4 en un lapso de seis meses. Su hemoglobina había bajado de 14.0 a 12.8, por lo que fue al hematólogo, quien complementó con una prueba completa de perfil de hierro para descartar causas de anemia.
Todos los años acude también dos veces a su internista de cabecera, una vez al urólogo y una vez al cardiólogo. Se hace un electrocardiograma anual y cada dos años se hace una prueba de esfuerzo. Además, todos los años se hace un ultrasonido de abdomen superior para descartar problemas del hígado, vías biliares, páncreas y riñones. Como tiene historia familiar de cáncer de colon, se hace una endoscopia y una colonoscopia cada tres años.
Hace un año, durante un viaje a Estados Unidos, se hizo un estudio de score de calcio coronario, el cual mostró riesgo intermedio de enfermedad cardiovascular. Lo complementó con una tomografía con contraste, donde hubo sospecha de una lesión moderada en una de sus arterias coronarias, por lo cual terminó haciéndose un cateterismo que descartó requerir ningún otro tratamiento.
Por un resfriado reciente, el neumólogo le pidió radiografías que no mostraron nada significativo. Sin embargo, Gervasio le preguntó a ChatGPT, que le dijo que una tomografía de alta resolución era mejor para descartar problemas pulmonares que la radiografía simple. Basado en eso, se hizo la tomografía, que también fue reportada como normal.
Como si todo esto fuera poco, Gervasio ha descubierto que hay una prueba que consiste en una resonancia magnética de cuerpo entero que, según la propaganda, permite diagnosticar “cualquier enfermedad latente antes de que dé síntomas”. Como es de esperarse, ya hizo cita para ese examen.
Alguna vez leí que “una persona completamente sana es solamente alguien que no se ha hecho todos los exámenes”. En un mundo donde nos invaden las nuevas tecnologías, es muy fácil caer en el sobrediagnóstico. Muchas de estas pruebas, que se anuncian como la panacea para diagnosticar tempranamente cualquier cosa, generan una gran cantidad de estudios innecesarios y que, en sí mismos, implican riesgos y un gran incremento en el costo de la atención en salud. Cuando escuchamos de alguien a quien le diagnosticaron un cáncer en una de estas pruebas de rutina, debemos pensar que seguramente no estamos tomando en cuenta a los cientos de pacientes que terminaron siendo sometidos a exámenes que no estaban justificados o que se murieron por una complicación de un estudio que no era necesario.
Todavía, el sentido común sigue siendo el elemento principal para practicar la medicina responsablemente y de acuerdo con la evidencia científicamente demostrada. Porque, como decía uno de mis maestros: “cuando escuchen que vienen animales galopando, seguramente son caballos y no cebras”.

Cardiólogo Clínico y Ecardiografista en Cardiólogos Asociados de Panamá y Hospital Paitilla. Profesor de cardiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Director Fundador del Museo de la Libertad y los Derechos Humanos de Panamá. Es miembro del Movimiento Ciencia en Panamá y del Club Rotario Pacífico. Panelista invitado en programas de opinión de radio y televisión. Desde 1997 es columnista regular de la sección de Opinión del Diario La Prensa.
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